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miércoles, 21 de febrero de 2029

Causas de la disfunción eréctil o impotencia ansiógena o no orgánica.


La ansiedad de ejecución o el miedo a un desempeño del acto sexual inadecuado por poca duración o dureza en la erección son los generadores de la ansiedad que provocan la disfunción eréctil no orgánica. Los factores generadores serían:
-        El temor al fracaso.
-        La obligación de resultados, sobre todo si la pareja o uno mismo son muy exigentes.
-        El Altruismo excesivo (hay que cuidar de que la pareja quede satisfecha pero también uno mismo).
-        La autoobservación, la erección es involuntaria, la auto observación la inhibe).

Las causas de una disfunción eréctil psicológica se dividen en tres grupos:
1.      Factores inmediatos (ansiedad de ejecución).
2.      Acontecimientos vitales traumáticos.
3.      Vulnerabilidad desarrollada en la infancia o adolescencia.

·         Como factores predisponentes tenemos:
-        Educación moral y religiosa restrictiva.
-        Relaciones entre los padres deterioradas.
-        Inadecuada información sexual.
-        Experiencias sexuales traumáticas durante la infancia.
-        Inseguridad en el roll psicosexual en los primeros años.
-        Trastornos de la personalidad.
-        Modelos paternos inadecuados.

·         Factores precipitantes:
-        Algún fallo esporádico (o "gatillazo").
-        Depresión y ansiedad.
-        Estrés.
-        Momentos especialmente negativos (de cansancio, ansiedad o depresión).
-        Expectativas exageradas sobre los logros y satisfacciones en el sexo.
-        Problemas generales en la relación de pareja.
-        Infidelidad.
-        Disfunción en la pareja con la que se interacciona.
-        Edad (y creer erróneamente que un cambio en las respuestas como consecuencia de esta suponga una incapacidad).

·         Factores mantenedores:
-        Ansiedad ante la posibilidad de no tener suficiente dureza y durabilidad en la erección.
-        Anticipación de fallo o fracaso.
-        Sentimientos de culpa.
-        Falta de atracción entre los miembros de la pareja.
-        Escasa confianza y o comunicación entre los miembros de la pareja.
-        Miedo a la intimidad.
-        Baja autoestima en cuanto a la autoimagen.
-        Información sexual inadecuada.
-        Escasez de estímulos eróticos.
-        Miedos o fobias específicas.
-        Escaso tiempo dedicado al galanteo o besos y caricias antes de pasar al coito.
-        Trastornos mentales.

Hasta la aparición de los inhibidores de la fosfodiesterasa 5 (IPDE5), la eficacia de la terapia sexual ha sido superior al resto de las intervenciones (fármacos u otros abordajes) en el tratamiento de la disfunción eréctil, según los estudios de diversos autores.
Incluso es así cuando se compara con la administración de algunos fármacos.

En el caso concreto de la disfunción eréctil secundaria, el número de fracasos terapéuticos es de sólo un 26,2% y, tal como afirma McConhagy, la terapia sexual es sumamente eficaz, y los fracasos terapéuticos se deben fundamentalmente a la falta de motivación y abandono de la terapia. En la práctica diaria se observa frecuentemente que los pacientes abandonan porque no observan erecciones al comienzo de la terapia.

La intervención sexológica está conformada por un conjunto de estrategias de carácter psicoterapéutico que se emplean con los siguientes fines:
-        Tratamiento de la disfunción eréctil de carácter psicógeno.
-        Optimización del tratamiento con fármacos en la disfunción eréctil de origen orgánico.
-        Rehabilitación de la respuesta sexual en los casos donde el tratamiento farmacológico no surte efecto.
-        Adaptación y optimización de la respuesta en enfermedades crónicas que imposibilitan la erección.

Las técnicas más usualmente empleadas para el tratamiento de la disfunción eréctil son:
-        Modelo de Masters y Jhonson.
-        Modelo de Kaplan.

Lo cierto es que estos problemas, que bloquean la vida de las personas e inciden en una mala relación de pareja o en su ruptura, durante años, pueden solucionarse en meses con una terapia sexual adecuada


Mi experiencia profesional con la curación de la disfunción eréctil no orgánica o ansiógena , es totalmente positiva. Son muchas las personas que han pasado por mi consulta y, tras unos meses de terapia por el precio asequible que tiene una terapia psicológica, han cambiado su vida y sus relaciones de pareja y/o sexuales para siempre.
Muchos de ellos, además, se ofrecen para poder ayudar contando personalmente su experiencia a los nuevos que deciden venir a consulta, ya que no olvidan los años de sufrimiento que su disfunción les ocasionó. Tengo además, la gran satisfacción de saber que muchos han podido tener hijos gracias a la intervención terapéutica.
Así que os animo a decidiros a buscar ayuda profesional y solucionar vuestra disfunción eréctil para siempre.



#Sexóloga #Psicóloga #Terapia de Pareja#Sevilla







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viernes, 26 de febrero de 2016

Falta de deseo sexual en los hombres


La cifra de hombres jóvenes con falta de deseo sexual es cada vez más alta
Hombres sin deseo
El deseo sexual es una parte muy importante dentro de una relación de pareja. Sin embargo, la pérdida de éste es cada vez más común sobre todo en los jóvenes y por eso una indagación profunda en temas como el amor de pareja y su relación con el deseo es de suma importancia.
Carla González C.
La inapetencia sexual puede ser vista desde perspectivas tales como la médica que habla de la incidencia de algunas enfermedades o del consumo de ciertos fármacos, o aquella que se refiere al área emocional, a la “falta de amor”, a la poca comunicación y a otros problemas relacionados a cómo se enfrentan hombres y mujeres en sus relaciones de pareja.
A todo lo anterior, se suma una nueva problemática: el deseo sexual hipoactivo (DSH), disfunción que se presenta durante la fase I, es decir, la que se inicia “previamente al contacto sexual propiamente tal, ante algún estímulo adecuado” y que pondría “en marcha la respuesta sexual”.
Así define a este trastorno la Doctora Alejandra Godoy Haeberle, psicóloga clínica, terapeuta de parejas y sexóloga quien habla de este tema en su libro, “Te amo, pero no te deseo. Una epidemia del siglo XXI”.
La psicóloga Alejandra Godoy menciona que “la libido varía no solamente de una persona a otra, sino que en una misma persona cambia a lo largo del tiempo en función de la edad, del estado psicológico y físico, de la etapa de la vida en que se encuentra, del nivel de atracción por la pareja”, entre otros.
De esta manera, menciona que el DSH - también conocido como deseo sexual inhibido, hipolibidinosis, anafrodisia; inapetencia o anorexia sexual – posee ciertos criterios de diagnóstico que básicamente hablan acerca de la ausencia del deseo de manera recurrente, de la inhibición que provoca malestar y que dificulta las relaciones interpersonales y de lo poco que tendría que ver en su desarrollo la presencia de otro trastorno, enfermedad o el consumo de sustancias, drogas o fármacos.
En ese sentido, sostiene que esta disfunción “puede ser descrita como una inhibición persistente de la libido que bloquea la apetencia sexual y que se manifiesta en un desinterés por iniciar o por responder a la estimulación erótica, a pesar de que la persona pueda funcionar sexualmente – en términos biológicos – sin problemas”.
En relación a cómo se puede establecer “lo normal” con respecto al número de encuentros íntimos de una pareja, explica que existen estudios que dicen que al menos en la sociedad occidental, se dan en una frecuencia “de 2 a 3 veces por semana con un promedio anual de 103 coitos”. Sin embargo, aclara que como se trata de algo sumamente relativo, “los investigadores prefieren trabajar con los conceptos de frecuencias altas, medias y bajas”.
Entonces, sostiene, “para definir los casos de DSH generalmente se señala un estándar de menos de 20 relaciones sexuales al año y se consideran parejas blancas o matrimonios sin sexo propiamente tales si se producen menos de 10 veces al año”.
La epidemia sexual del siglo XXI
Sin duda, uno de los temas más atrayentes de esta disfunción es el aumento que ha tenido en el tiempo. Tanto es así, que son muchos quienes califican al deseo sexual hipoactivo como “la inminente epidemia sexual del siglo XXI”.
Así lo comenta la Doctora Godoy, quien además expresa que en el caso de esta alteración en el hombre, existen tres subtipos, siendo uno de ellos – el llamado secundario o adquirido/parcial o situacional/selectivo – el que ha ido en claro y llamativo aumento principalmente en varones jóvenes que bordean los 30 años.

Para la sexóloga, los casos más recurrentes son aquellos del subtipo “selectivo”, donde predominan los hombres entre los 25 y los 50 años que según cuenta “afirman que su mujer le es muy atractiva, que la aman profundamente y que tienen muy buena comunicación con ella, pero que el único problema es que simplemente no la desean sexualmente”.
Para la psicóloga (quien apoya sus dichos en la teoría de Michele Davis, autora de uno de los pocos textos referentes a este tema), “las causales de la disminución del deseo sexual en hombres van desde las biológicas (bajos niveles de testosterona, disfunciones en la erección o eyaculación precoz) hasta las personales y las asociadas a la relación de pareja (depresión, cesantía, deficiente imagen corporal, entre otros)”.
Por otro lado, manifiesta que hay también otros autores que dicen que esta pérdida de la libido se debe a experiencias insatisfactorias, fracasos laborales, económicos o amorosos; la ingesta de fármacos, enfermedades, insomnio u otros trastornos del sueño, baja autoestima, alto nivel de ansiedad, miedo a enamorarse, la rutina y falta de comunicación, etcétera.
A pesar de esta innumerable lista, la Doctora Godoy afirma que “dichos factores no responden por qué hoy ha aumentado tanto la incidencia del DSH secundario en general en personas jóvenes”. Por lo tanto, la incógnita haría aún más interesante el debate y el conocimiento de diversas hipótesis que intentan explicar la expansión de este problema.
Algunas de las especulaciones que plantean los especialistas tienen relación a nuevos factores tales como “el estrés, la incitación permanente a invertir en todo menos en el amor y la amistad, hasta determinados cambios socio-culturales”, que no han sabido ser resueltos por el hombre, generando en éste ansiedad y mucha inquietud.
“Las parejas tensas y estresadas por conflictos no son buenos amantes y están sordos a los estímulos sexuales”, sostiene la especialista mientras deja planteada la interrogante acerca de “qué es lo que ha cambiado tanto en los últimos años como para que aparezca justo ahora este fenómeno en los hombres jóvenes”.
Cuando la mujer es la que manda
Para la terapeuta, una de las razones por las cuales se puede presentar el deseo sexual hipoactivo en el hombre joven es el miedo a enfrentarse a la relación sexual. Esto produce en ellos un bloqueo, cosa que perjudica claramente el deseo y finalmente el “funcionamiento sexual”.
Pese a lo anterior, sostiene que uno de los motivos que más se repite es aquel que tiene que ver con la concepción que el hombre tiene de la mujer como un ser “criticón y mandón”.
En ese sentido, la psicóloga se refiere nuevamente a los dichos de Michele Davis, quien manifiesta que a pesar de que claramente “los reproches y los retos no son precisamente afrodisíacos”, existe otro cuestionamiento que tiene que ver con precisar si verdaderamente “los hombres se apagaron sexualmente porque sus esposas se enojan o ellas están resentidas porque sus maridos están distanciados física y emocionalmente”.
“Ahora son hombres los que no tienen deseo sexual y son las mujeres las que los persiguen para tener sexo, mientras ellos se corren con distintas excusas”, afirma la Doctora Godoy.
En este mismo contexto, menciona que otro de los motivos que se manejan como hipótesis es “el verdadero terremoto que se ha producido en los roles de género”, donde mientras la mujer ha ido adquiriendo cada vez más poder, el hombre - a pesar de la conexión con su lado femenino - no han sabido reinventarse. “La evolución de la mujer nunca ha estado de la mano de la evolución del hombre, simplemente parecieran ser procesos paralelos sin conexión”, comenta.
Por lo tanto, prosigue, “el hombre actual está muchas veces dominado por la inseguridad relacionada con la mayor liberalidad sexual de las mujeres”. Así, dice que al ya antiguo temor a fallar, se suma el miedo “a esta mujer independiente, experimentada y con altas expectativas sexuales”, características que relevarían al varón a un segundo plano, siendo ahora ellos quienes se retraen o simplemente no tomen la iniciativa.
Además de lo anterior, menciona que otra posible causal sería la “disociación amor-sexo, en el miedo a la intimidad emocional y a la entrega total”, todo esto pues según sus palabras, el hombre “teme entregarse a una misma mujer en los tres aspectos más importantes de una relación: amor, pasión sexual y compromiso”.
Es así como explica que en el varón – especialmente los jóvenes – se van generando ciertas inseguridades, las que luego darán paso al miedo al rechazo y al fracaso, “lo que puede llevar a que ahora sea el hombre quien diga no tengo ganas porque estoy cansado, en vez de decir que tiene miedo o rabia”. En ese sentido, “el DSH puede ser una especie de resistencia pasivo-agresiva, o sea, una forma indirecta de expresar la rabia o una manera de ejercer el poder del débil”, agrega.
En cuanto al tratamiento de esta disfunción, la sexóloga deja claro que la posibilidad de recuperación es totalmente posible, aunque advierte que el trabajo es arduo, complejo y de largo aliento, sobre todo en los pacientes “treintañeros”, quienes al no presentar casi nunca algún problema de tipo biológico, se hace más complicado tratarlos.

domingo, 13 de septiembre de 2015

Causas de la disfunción eréctil o impotencia ansiógena o no orgánica

Causas de la disfunción eréctil o impotencia ansiógena o no orgánica (actualización)



La ansiedad de ejecución o el miedo a un desempeño del acto sexual inadecuado por poca duración o dureza en la erección son los generadores de la ansiedad que provocan la disfunción eréctil no orgánica. Los factores generadores serían:

-        El temor al fracaso.

-        La obligación de resultados, sobre todo si la pareja o uno mismo son muy exigentes.

-        El Altruismo excesivo (hay que cuidar de que la pareja quede satisfecha pero también uno mismo).

-        La autoobservación, la erección es involuntaria, la auto observación la inhibe)


Las causas de una disfunción eréctil psicológica se dividen en tres grupos:

1.      Factores inmediatos (ansiedad de ejecución).

2.      Acontecimientos vitales traumáticos.

3.      Vulnerabilidad desarrollada en la infancia o adolescencia.

·         Como factores predisponentes tenemos:

-        Educación moral y religiosa restrictiva.
-        Relaciones entre los padres deterioradas.
-        Inadecuada información sexual.
-        Experiencias sexuales traumáticas durante la infancia.
-        Inseguridad en el roll psicosexual en los primeros años.
-        Trastornos de la personalidad.
-        Modelos paternos inadecuados.

·         Factores precipitantes:

-        Algún fallo esporádico (o "gatillazo").
-        Depresión y ansiedad.
-        Estrés.
-        Momentos especialmente negativos (de cansancio, ansiedad o depresión).
-        Expectativas exageradas sobre los logros y satisfacciones en el sexo.
-        Problemas generales en la relación de pareja.
-        Infidelidad.
-        Disfunción en la pareja con la que se interacciona.
-        Edad (y creer erróneamente que un cambio en las respuestas como consecuencia de esta suponga una incapacidad).

·         Factores mantenedores:

-        Ansiedad ante la posibilidad de no tener suficiente dureza y durabilidad en la erección.
-        Anticipación de fallo o fracaso.
-        Sentimientos de culpa.
-        Falta de atracción entre los miembros de la pareja.
-        Escasa confianza y o comunicación entre los miembros de la pareja.
-        Miedo a la intimidad.
-        Baja autoestima en cuanto a la autoimagen.
-        Información sexual inadecuada.
-        Escasez de estímulos eróticos.
-        Miedos o fobias específicas.
-        Escaso tiempo dedicado al galanteo o besos y caricias antes de pasar al coito.
-        Trastornos mentales.

Hasta la aparición de los inhibidores de la fosfodiesterasa 5 (IPDE5), la eficacia de la terapia sexual ha sido superior al resto de las intervenciones (fármacos u otros abordajes) en el tratamiento de la disfunción eréctil, según los estudios de diversos autores.
Incluso es así cuando se compara con la administración de algunos fármacos.

En el caso concreto de la disfunción eréctil secundaria, el número de fracasos terapéuticos es de sólo un 26,2% y, tal como afirma McConhagy, la terapia sexual es sumamente eficaz, y los fracasos terapéuticos se deben fundamentalmente a la falta de motivación y abandono de la terapia. En la práctica diaria se observa frecuentemente que los pacientes abandonan porque no observan erecciones al comienzo de la terapia.

La intervención sexológica está conformada por un conjunto de estrategias de carácter psicoterapéutico que se emplean con los siguientes fines:

-        Tratamiento de la disfunción eréctil de carácter psicógeno.
-        Optimización del tratamiento con fármacos en la disfunción eréctil de origen orgánico.
-        Rehabilitación de la respuesta sexual en los casos donde el tratamiento farmacológico no surte efecto.
-        Adaptación y optimización de la respuesta en enfermedades crónicas que imposibilitan la erección.

Las técnicas más usualmente empleadas para el tratamiento de la disfunción eréctil son:

-        Modelo de Masters y Jhonson.
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Lo cierto es que estos problemas, que bloquean la vida de las personas e inciden en una mala relación de pareja o en su ruptura, durante años, pueden solucionarse en meses con una terapia sexual adecuada.




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